0%

Desde que tengo memoria he planificado una vida de viajes y éxito académico, un futuro brillante en el que la meta es construir un imperio… todo un legado. He hablado mucho de esto y cuando he tenido la oportunidad, también he sacado a relucir el compromiso de tener un novio en cada país del planeta (y ninguno en Ecuador).

Las relaciones formales son mi talón de Aquiles, y les huyo como los pitufos le huyen a Gargamel. Me sentía cómoda con esa libertad e independencia; y para ser honesta, aún me siento así… la soltería no me incomoda para nada y tal vez ese es el problema: estar sola se convirtió en mi zona de confort.

¿Que si me he enamorado? pues… si, y me he dado contra el piso más veces de las que mi orgullo femenino me lo hubiera permitido. Busqué pisotear mi propio ego para confirmar esta teoría, y llegué a creer que de eso se trataba mi vida, que mantenerme soltera, cotizada e independiente era mi mejor fortaleza; Pero cuando me quedaba sola en mi cuarto, por alguna razón, esa coexistencia conmigo misma era insoportable. La verdad era distinta:Estaba muerta de miedo.

Aún lo estoy.

Temor al rechazo, a no ser suficiente, o a ser más de lo esperado (suele pasar)… miedo a perder mi esencia por convertirme en lo que “el objeto de mi afecto” esperaría ver de mi. La pregunta que cabe hacerse realmente es ¿Y qué tal, si realmente soy perfecta así tal cual? No soy ni más, ni menos… Solo soy yo.

((Espero que si estas soltera, en este momento estes preguntandote eso mismo a ti… Si no lo estas, también cabe preguntarlo.))

Sin ahondar en detalles, tuve una experiencia liberadora. La llamo así, porque ese día me presenté como la persona que soy, y que me gusta ser… el resultado fue un nuevo pretendiente (al que por ahora no pretendo), pero gracias a él, y a ese día, entendí que no había nada malo en mi. Fui libre de verdad y paradójicamente, hasta me gustó sentirme halagada, cosa que solía resistir.

Es bastante loco, pues desde ese momento he tenido más “indirectas” de las que tuve en todo el año que pasó.

Durante las coberturas de bodas que hago, algo que me gusta mucho es ver como el novio en algún momento, cuando piensa que nadie lo ve, mira a su esposa… la contempla como un todo, como su todo… el regalo más especial que ha llegado a su vida. Nunca pasó por mi cabeza, que aquello… también estaba disponible para mi…

Y fue así como un día, de repente… viendo esas mismas fotos que capturé durante mi trayecto, decidí que si, me quiero casar, comprometerme, y ser libre en el amor. He decidido vivir un día a la vez, jugar a que solo por este día, no tendré miedo a la aventura, a las oportunidades… a jugar en grande…

Acompañemos este post con uno de mis gustos culposos de “hits románticos” que escucho en modo “ME HICE BOLITA” jajaja!