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Procuro sacarme los lentes cada vez que imagino una vida sin tí, quiero voluntariamente que las formas sean ininteligibles cuando se trata de pensar en la simple idea de perderte.

Despertar. Del otro lado de la cama ya no está tu nombre, tu mirada cómplice se desvanece poco a poco, y tu sonrisa… escasamente recuerdo ver una en tu rostro, mientras mis sábanas no se desordenan más desde tu ausencia.

Viajar. Oh! Aquellas jornadas de física y descubrimiento, ahora habitan en otras dimensiones que escaparon de nuestras manos entrelazadas. Juntos, entregamos nuestra mirada al horizonte y de fondo: nada.

Ritmos. No sé donde guardar las canciones,  esos discos intercambiados y las tardes en que tu voz era de un deleite, lo siguiente. Sonaba tan similar al silencio… tan placentero como un espacio vacío, solo para mí.

Calor. Tu compañía, lo más parecido a una noche helada queriendo calentarse con el humo que quedó de la chimenea, tan ardiente como el té que olvidé beber y he dejado sobre la mesa.

¿Qué podría decirte?

He despertado de mi irrealidad.

Mi vida sin tí, lo más  parecido a mi vida contigo.

Hoy te admito de frente que no…

 

No tengo miedo a perderte.