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Ya no me gusta hacer terapia en los taxis. Me embarco en un viaje de 20 minutos en completo silencio, y comparto a lo mucho un par de respuestas secas.

Es extraño. Antes solía ser mi sesión favorita; no hablaba con nadie de mis problemas, pero me subía al carro, y desahogaba todo con aquel extraño. A veces solo me escuchaban. Otras, si tenía suerte, me regalaban un par de consejos sobre la vida:

«No niña, ud está muy joven para complicarse así la vida», «Uhhh… yo que conozco a los hombres le digo, ese man es un bribón», «Usted ha tenido la suerte de estudiar, de prepararse. Aproveche las oportunidades». Incluso en algún momento, me dieron una receta de cocina.

Ya no. Ahora viajo en silencio y mis problemas viajan conmigo. Personas, historias, conversaciones que me angustian se quedan todas encerradas en mi cabeza y tal vez, musicalizadas por algún playlist que pueda intensificar la emoción del momento.

Eso hice hace una semana. Esperé que la aplicación me asigne una unidad. Verifiqué que sea la placa correcta y me subí. No tenía mis audífonos así que solo recosté mi cabeza sobre la ventana. Imaginaba que no era el auto el que se movía sino la ciudad, los lugares, las personas, la vida. Pensaba que…

Niña, yo le puedo hacer una pregunta? -escuché de repente.

Dígame.

¿Es verdad que cuando dos personas se casan, se acaba todo?

No esperaba esa pregunta, y confieso me causó un poco de gracia. -No se que decirle, yo no me he casado.

Pero… eso dicen. ¿Qué piensa usted? ¿Se acaba el amor tan pronto?

Quise evadir la conversación por la sorpresa o la inexperiencia, no lo sé. Tampoco sabía que contestar. Aparte… no somos amigos. No nos hemos presentado y el viaje es muy corto para entrar en materia de amor tan abruptamente. Me quedé unos minutos callada; él continuó.

Ay niña! pero después de 33 años que a uno le digan eso… 

Entonces lo entendí: No era una pregunta al aire. Lo estaban dejando, se sentía solo. Lo habían dejado y no lo entendía; Buscaba respuestas… yo también las buscaba antes. Quería que me digan qué pasó y cómo actuar exactamente. No quería ser yo la responsable de mis errores. Recordé que la vida da vueltas y que era mi turno de escuchar a un taxista… No, espera… Él no se llama taxista.

Vi rápidamente sus datos en la aplicación: Teodoro. Teo. Ahora sí.

No me he casado, no se si se acaba o no. Pero se que las razones pueden ser muchas. –respondí. -La comunicación es importante.

Si, la comunicación… pero también podría ser infidelidad.

-Hay tantas cosas. A veces no se acaba el amor, pero se acaba la paciencia, o se pasa el tiempo… Son muchas las razones, y a nadie le gusta esto. Pero esas respuestas solo las va a obtener conversando. Háblelo. Las palabras también ayudan a aligerar el peso.

Llegué a mi destino. Se terminó la carrera y la terapia; También se terminó el matrimonio de Teo. Éramos completos extraños pero él necesitaba un par de oídos. Éramos completos extraños pero desde ese día no he podido dejar de pensar en esa historia en particular, en cuestionarme si realmente se acaba el amor… o si remotamente existe.

Perdóname Teo por no darte un mejor consejo. No se siente lindo cuando nos dejan. A mi tampoco me gusta, te confieso. La cabeza se satura y no paramos hasta encontrar respuestas que respalden nuestras teorías (porque muy en el fondo, todos sabemos qué pasó).

No nos gusta que nos dejen, y tampoco nos gusta dejar… Nos gusta quedarnos ahí, inmóviles; Ya lo viví y lo único que podía hacer era hablar, desahogarme con mis amigues. Por eso… si volvemos a topar y vuelves a preguntarme cosas así, de repente, te prometo que voy a escuchar.

Por ahora solo puedo decirte que eso que te duele tanto, un día sin que lo esperes ya no duele más. Quizás te des un tropezón con la misma piedra (porque somos selectivamente idiotas); pero te levantarás de nuevo. te apuesto una carrera gratis a que tengo razón.

Y Teo, si de casualidad llegas a leer esto: Gracias por recordarme que todos en cualquier momento, necesitamos el oído de un extraño…